Derechos Humanos de las Naciones Unidas en África Oriental: No excluir a nadie durante la COVID-19


Imagen de Nwanne Vwede-Obahor, representante de la Oficina Regional para el África Oriental de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, febrero de 2020. ©WATHI

Desde el inicio del brote de la COVID-19 en África Oriental, la Oficina Regional de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, con sede en Addis Abeba, Etiopía, ha venido aportando su contribución al desarrollo de los planes de preparación y respuesta ante la COVID-19 por parte de los equipos de las Naciones Unidas en esa región, con la integración de un enfoque en derechos humanos centrado especialmente en los grupos vulnerables.

Esta Oficina ha tomado la iniciativa para garantizar que los grupos desfavorecidos tengan acceso a la información sobre la COVID-19 a través de varias plataformas, y ha colaborado con los Gobiernos, la Unión Africana, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, así como ONU-Mujeres, a fin de llegar a los detenidos y las mujeres de toda África.

Hemos hablado con la representante de la Oficina Regional para el África Oriental de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Nwanneakolam Vwede-Obahor, para saber cuáles han sido los principales retos a los que ella y sus compañeros se han enfrentado a la hora de continuar con su misión durante la pandemia.

¿De qué manera se ha visto afectado su trabajo por la COVID-19?

Han sido tiempos difíciles para todos nosotros a distintos niveles, algo parecido a afrontar un cambio radical en la orientación del trabajo que teníamos previsto en nuestros planes de trabajo anuales. Tomamos la decisión de no dejar apartado ningún asunto, incluso ahora que estamos centrados en la COVID-19. Sin embargo, hemos tenido que dar un giro considerable y concentrarnos, junto con los colaboradores, en el trabajo sobre la respuesta a la COVID-19 conjuntamente con las diversas oficinas de las Naciones Unidas de los países con los que trabajamos directamente: Tanzania, Djibouti, Etiopía, y Eritrea en la que empezamos a trabajar hace poco, así como la Unión Africana de la que se encarga la Oficina Regional.

¿Qué está haciendo Derechos Humanos de las Naciones Unidas en África Oriental para proteger los derechos de la población durante esta pandemia?

Procuramos prestar asesoramiento técnico, formar parte de equipos redactores de diversos documentos, tales como los planes de respuesta, los llamamientos humanitarios, los planes de desarrollo, así como los análisis socioeconómicos del impacto de la COVID-19. Asimismo, colaboramos con otras oficinas del África Oriental en la coordinación de informes de la COVID-19 para la región. Hemos realizado una enorme labor sobre la comunicación de los riesgos y la participación comunitaria. Hemos incluido disposiciones de derechos humanos sobre las cuestiones de no discriminación ni estigmatización en la información sanitaria, especialmente con respecto al acceso a la asistencia sanitaria y la realización de pruebas para todos los que puedan presentar síntomas de COVID-19.

En Etiopía, en especial, nos pusimos en contacto con el Gobierno para utilizar el material sobre la comunicación y el compromiso con la información que se ha elaborado entre el Gobierno y las Naciones Unidas, y solicitamos la aprobación para incluir cláusulas de no discriminación ni estigmatización. Además, hemos traducido ese material a ocho idiomas locales, en braille para las personas con discapacidad visual, y en la actualidad nos encontramos desarrollando una versión de lengua de signos de los mismos documentos. Hemos colaborado con un consorcio de la sociedad civil en Etiopía para difundir esa información, incluido un cómic sobre la COVID-19 que hemos elaborado para los niños.

Por otro lado, la Oficina Regional ha prestado asistencia y orientación técnica a la Unión Africana. Nos hemos reunido con los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades y formamos parte del Centro Colaborador Regional del África Oriental de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades. Nuestra Dependencia de Género da apoyo a la División de Mujeres, Género y Desarrollo de la Unión Africana y acabamos de presentar un llamamiento a la acción para los Estados miembros de la UA*.

Estamos supervisando las declaraciones de estado de emergencia en nuestra zona de cobertura geográfica para garantizar que no se infringen los derechos, como la libertad de circulación, la libertad de asociación y de expresión, el derecho a la vida, el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, y el derecho a la educación. La red de organizaciones de la sociedad civil de nuestra región ha mantenido una fantástica y estrecha relación con nosotros para facilitarnos información en tiempo real sobre su trabajo en respuesta a la pandemia, en el ámbito de la supervisión de los estados de emergencia, la promoción, la comunicación de los riesgos y la participación comunitaria, entre otros.

Estamos organizando seminarios web con defensores de los derechos humanos, incluidas defensoras de derechos humanos, sobre el impacto que tiene la COVID-19 en su trabajo y en sus cuidados personales.

¿Cuáles han sido los mayores retos y las experiencias más importantes adquiridas hasta ahora durante la pandemia?

Pienso que esta pandemia me recuerda al refrán: "El hombre propone y Dios dispone". Seguiremos planificando, pero tenemos que dar una respuesta ágil. Hemos tenido que dar un giro repentino para poder responder a las necesidades de las personas a las que atendemos.

La labor que venimos realizando sobre análisis socioeconómicos me ha abierto los ojos sobre todo lo que nos sigue faltando, en particular en África, para lograr que las organizaciones de la sociedad civil tengan en cuenta un gran número de derechos. La mayoría de las organizaciones solo se centran en los derechos civiles y políticos, que son extremadamente importantes, pero también hay espacio para que las organizaciones de la sociedad civil y las Instituciones Nacionales de Derechos Humanos fomenten y protejan los derechos económicos, sociales y culturales. Hemos colaborado con estos socios para participar en el debate de las cuestiones socioeconómicas.

Asimismo, ha sido esclarecedor ver de qué modo procuramos no pensar diferente cuando se trata de elaborar análisis socioeconómicos. Los informes de políticas procedentes del Secretario General de las Naciones Unidas y Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre los análisis socioeconómicos han sido de gran utilidad para defender los derechos humanos, sobre todo porque pensamos en reconstruir mejor. Llevamos mucho tiempo apoyando a países, aunque todo se desmoronó en el instante en que comenzó la pandemia. Vino a empeorar todas las cuestiones que habíamos resaltado antes de la pandemia: la interseccionalidad de ciertos factores como la pobreza, el nivel de estudios, la falta de acceso a los servicios sanitarios, ... Esta pandemia ha servido para confirmar el papel de las Naciones Unidas: el de mostrar a los Gobiernos el mejor modo de actuar para con aquellas personas que podrían quedar excluidas.

¿Por qué es importante que durante esta pandemia aunemos fuerzas en pro de los derechos humanos?

Las Naciones Unidas tiene un concepto general sobre la vulnerabilidad: mujeres, niños, desplazados internos, migrantes, refugiados y las personas mayores. Sin embargo, no disponemos de datos en África, ni siquiera sobre personas mayores. Llevamos abogando desde hace mucho tiempo por cuestiones relativas a personas con discapacidades, pero tampoco he visto nunca un análisis adecuado de los datos sobre discapacidad en África. Ha quedado patente que esta pandemia afecta a todos, no solo a los grupos vulnerables, pero incluso en estos grupos existe uno sobre el cual nunca hemos obtenido datos: las personas sin hogar en África. Tampoco contamos con distintas clasificaciones de los pobres de las zonas urbanas. La inclusión de datos se ha convertido en una gran laguna y los Gobiernos siguen desarrollando respuestas a la pandemia basándose en cifras estándar, aunque esas personas que he enumerado son más propensas a contagiarse por la COVID-19 debido a sus condiciones de vida. Es necesario ampliar nuestra definición de vulnerabilidad y elaborar datos más inclusivos.

Y todo esto lleva a la cuestión de reconstruir mejor. Si no nos esforzamos por acabar con la pandemia de forma colectiva, entonces corremos el riesgo de que ésta se repita reiteradamente. Es necesario un mayor compromiso con las organizaciones comunitarias, de forma que desarrollen su capacidad de hablar con voz propia. Cuando las personas están informadas y participan en la toma de decisiones, no se produce discriminación ni estigmatización. No puedo pensar en un ejemplo mejor que esta pandemia para demostrarnos por qué es tan importante aunar fuerzas en pro de los derechos humanos de todos. Si todos decimos,

“Estamos juntos en esto”, entonces deberíamos estarlo de verdad.

20 de mayo de 2020

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