Defensa de los derechos humanos en Ucrania en medio de la pandemia


Nigora Sachdeva, UN Human Rights Monitoring Mission in Ukraine

Ucrania, que registró su primer caso de COVID-19 el 3 de marzo de 2020, se ha visto afectada intensamente por la pandemia y sus consecuencias. En el momento de redactar este artículo, se habían constatado 92.820 casos y 2.089 fallecidos (fuente: Organización Mundial de la Salud).

La misión de las Naciones Unidas de vigilancia de los derechos humanos en Ucrania ha respondido a la crisis desde su comienzo, mediante la documentación de violaciones de derechos humanos e intervenciones en favor de las personas más vulnerables.

Nigora Sachdeva es la jefa de la oficina de Kramatorsk de la misión de las Naciones Unidas de vigilancia de los derechos humanos en Ucrania.

¿De qué manera su trabajo se ha visto afectado por la COVID-19?

La crisis de la COVID-19 ha incrementado la complejidad de nuestra labor en Ucrania. No obstante, seguimos recopilando información de primera mano, hablando con las víctimas y testigos de violaciones de derechos humanos y realizando un seguimiento en línea y fuera de línea.

Empleamos el teléfono o Internet más que antes para realizar las entrevistas. Seguimos estando físicamente presentes sobre el terreno y manteniendo la distancia de seguridad, cuando la situación nos lo permite. Por ejemplo, hace poco nos desplazamos a dos lugares en la línea de fuego de Ucrania oriental —la delimitación entre el territorio controlado por los grupos armados y el territorio controlado por el gobierno— para supervisar la liberación simultánea de detenidos relacionados con el conflicto, conforme a los acuerdos de Minsk. De igual modo, proseguimos con los viajes sobre el terreno para seguir de cerca cuestiones relacionadas con la libertad de circulación en los puntos de paso de entrada y salida, tras la introducción de las medidas de cuarentena.

¿Qué está haciendo Derechos Humanos de las Naciones Unidas para proteger los derechos de la población durante esta epidemia?

Continuamos haciendo llegar las voces de los civiles afectados por el conflicto a los dirigentes y socios internacionales por medio de nuestros informes, actividades de comunicación y actividades de promoción.

En cuanto a las actividades sobre el terreno, documentamos las violaciones de derechos humanos. Asimismo, seguimos con la recopilación de información mediante nuestra red de contactos con los activistas locales, las organizaciones de la sociedad civil, las autoridades locales y los militares.

Estamos prestando más atención a aquellos en situaciones de mayor vulnerabilidad, incluidas las personas en centros de detención, los mayores, las personas sin hogar, los romaníes y las personas con discapacidades. Estos grupos pueden verse afectados desproporcionadamente por la crisis y correr el riesgo de ser olvidados. La información que recopilamos se comparte con las partes interesadas nacionales y los socios internacionales, de forma que los dirigentes basen sus decisiones en nuestra información y cambien la situación para mejor. 

A modo de ejemplo, detectamos un problema con la propagación de la COVID-19 en instituciones penitenciarias de Ucrania y nos pusimos en contacto con el Ministerio de Justicia de Ucrania, así como con la autoproclamada República Popular de Donetsk y la autoproclamada República Popular de Luhansk. Esperamos que nuestras cartas de promoción y notas orientativas, con el respaldo de comunicados públicos sobre las posibles medidas para mitigar la propagación y el impacto del virus en los centros penitenciarios y de detención, contribuyeran a mejorar la preparación del sistema penitenciario.

¿Cuáles son los principales problemas en materia de derechos humanos a los que se enfrenta Ucrania en la respuesta a la COVID-19?

En las partes bajo el control del Gobierno de las regiones de Donetsk y Luhansk, donde trabajo, las restricciones relacionadas con la COVID-19 a la libertad de circulación siguen constituyendo uno de los problemas más graves para la población local, en especial para los civiles que cruzan la línea de fuego que separa los territorios controlados por el gobierno y los controlados por los grupos armados. Esto afecta el disfrute de los derechos a la salud, a la alimentación, a la vida familiar y a la seguridad social de estas personas.

Antes del brote de la COVID-19, más de un millón de personas cruzaban la línea de fuego en ambas direcciones todos los meses. Desde finales de marzo, fecha en la que se cerraron de forma efectiva todos los puntos de paso, esta cifra se redujo a varios centenares. Hemos venido defendiendo, junto con nuestros socios nacionales e internacionales, la facilitación de cruces por razones humanitarias y una reapertura estructurada de los puntos de paso cuando la situación epidemiológica lo permita. Desde mediados de junio, nuestras actividades de promoción empezaron a dar sus frutos: los puntos de paso volvieron a abrir y cientos de civiles empezaron a cruzar cada día. Esta cantidad aún está muy por debajo de las cifras de antes de la pandemia y la acción de cruzar resulta complicada y fatigosa, aunque supone un gran alivio para aquellas personas que finalmente han logrado cruzar la línea.

Nos preocupan otras cuestiones que no son específicas de la región y afectan a todo el país. Las medidas de cuarentena han golpeado más a los que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad. Por ejemplo, miembros de la comunidad romaní nos han relatado el deterioro de su ya limitado acceso a un nivel de vida adecuado, que incluye el acceso al agua y a el saneamiento, a los alimentos, a la asistencia sanitaria y a la seguridad social. La vulnerabilidad de mujeres y niñas a la violencia de género ha aumentado habida cuenta de la degradación de su independencia financiera y el confinamiento impuesto por la cuarentena.  Este impacto negativo es especialmente doloroso para aquellos que viven en comunidades aisladas y en la línea de fuego de Ucrania oriental. Además, las personas sin hogar se enfrentan a un importante desafío a la hora de acceder a las instalaciones y recursos más básicos durante la pandemia del coronavirus.

Las medidas de cuarentena de la COVID-19 también están repercutiendo de forma considerable en la administración de justicia: en algunos casos, los procedimientos legales que ya eran prolongados pueden sufrir retrasos, y numerosas personas no tienen acceso a un procedimiento de recurso por las restricciones de cuarentena.

¿Cuáles han sido los mayores retos y las experiencias más importantes adquiridas hasta ahora durante la pandemia?

Los principales retos en mi trabajo durante la pandemia radican en las limitadas interacciones cara a cara con las víctimas y los testigos de las violaciones de derechos humanos, además del acceso a los centros de detención y a los asentamientos aislados en la línea de fuego. Pese a los numerosos llamamientos de un cese al fuego, el conflicto de Ucrania oriental sigue activo y recibimos informes de bajas civiles y daños a bienes de carácter civil con asiduidad. Observamos varios brotes de hostilidades y bajas civiles cuando la pandemia llegó a Ucrania. Aunque creemos que no estaban relacionados directamente con la pandemia, todavía nos preocupa que la necesidad de una protección continuada de los civiles en la zona de conflicto deje de ser visible con toda la atención que requiere la COVID-19. Por tanto, tenemos que dedicar más esfuerzos en nuestras actividades de promoción de la protección. 

Una de las experiencias clave adquiridas es que proseguimos nuestra labor usando la tecnología de forma creativa. Los contactos estrechos que establecimos antes de la pandemia son también de gran ayuda al garantizar que sigamos recibiendo información sobre las violaciones de derechos humanos y que podemos defender los derechos de las víctimas. 

¿Por qué es importante que durante esta pandemia aunemos fuerzas en pro de los derechos humanos?

“La pandemia nos ha mostrado que todas las sociedades tienen vulnerabilidades, así como el grado en que estamos todos interconectados”. Toda solución a la crisis de la COVID-19 tendrá que ser inclusiva y requerirá un gran esfuerzo por parte de todos los Estados y las personas. Nos enfrentamos a un enorme reto, pero también tenemos la oportunidad de dejar de lado nuestras diferencias y trabajar juntos en ello, al mismo tiempo que se asegura el completo respeto y la protección de los derechos humanos.

En la región donde trabajo, al igual que en muchas regiones de Ucrania y de todo el mundo, seguimos siendo uno de los últimos lugares a los que las personas pueden recurrir en caso de producirse una violación de derechos humanos. Solemos ser los primeros en identificar a las personas en situación de vulnerabilidad y en defender sus derechos a fin de garantizar que nadie se queda atrás. Si todos, el gobierno, la sociedad civil y el sector privado, dieran la importancia que le corresponde a los derechos humanos en esta crisis, tendríamos una posibilidad de fomentar una respuesta social más inclusiva a la COVID-19, no solo en la región donde trabajo, sino también en todo el mundo.

 


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18 de agosto de 2020

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