Impresiones sobre el terreno: Ningún caso de COVID-19 en la República Popular Democrática de Corea, aunque persisten los problemas de derechos humanos


 Signe Poulsen (a la izquierda), Representante de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Seúl, hablando en una conferencia de prensa© Jung Yeon-je / AFP

Cuando el brote de COVID-19 comenzó en China, Derechos Humanos de las Naciones Unidas enseguida se percató de los peligros potenciales que esto suponía para la vecina República Popular Democrática de Corea (conocida más habitualmente como Corea del Norte, en adelante "KP").

Aunque, en el momento de redactar este documento, KP no había registrado oficialmente ningún caso de COVID-19, Derechos Humanos de las Naciones Unidas muestra su gran preocupación por las consecuencias para los derechos humanos que acarreará el virus, junto con las medidas adoptadas para prevenir su propagación, a una población ya de por sí castigada.

Signe Poulsen es la Representante de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Seúl, en la República de Corea. El equipo de las Naciones Unidas en Derechos Humanos se encuentra supervisando desde Seúl la situación para la población dentro de KP.

¿De qué manera se ha visto afectado su trabajo por la COVID-19?

A finales de febrero, cuando el número de contagios en la República de Corea aumentaba rápidamente, no existía mucha información sobre cómo actuar.

Nuestro personal, que posiblemente había estado expuesto en los lugares donde el virus se propagó, comenzó a trabajar desde casa como medida de precaución.  Posteriormente, ampliamos esta medida a la mayor parte del equipo, de conformidad con las orientaciones sobre el distanciamiento físico del Gobierno de la República de Corea. La Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de Seúl fue la primera que empezó a trabajar de forma remota.

Llevamos colaborando estrechamente desde enero con personas de KP, que viven fuera del país y con las organizaciones de la sociedad civil, sobre todo con las que tienen contactos dentro del país, a fin de recopilar información actualizada.  Las personas y las organizaciones que trabajan en materia de derechos humanos no tenían acceso a KP incluso antes de la pandemia, por lo que están capacitadas para trabajar de esta forma. El trabajo de forma remota ha sido siempre una necesidad para la oficina de Seúl por la falta de acceso a KP, de forma que nos hallábamos en una buena situación para ello incluso si se impusieran restricciones de movimiento.  Mantenemos el contacto por teléfono con nuestros socios semanalmente y también supervisamos la información de los medios de comunicación estatales de KP e internacionales.  

Al mismo tiempo, hemos adaptado el resto de nuestras actividades. El personal sigue trabajando desde casa y las escuelas permanecen cerradas, mientras que el Gobierno continúa aplicando medidas para contener la propagación de la COVID-19.

¿Qué está haciendo Derechos Humanos de las Naciones Unidas para proteger los derechos de la población durante esta pandemia?

Nuestra oficina en Seúl supervisa y analiza la situación de KP. Ofrecemos recomendaciones para lidiar con este problema a los Estados miembros en base a la información que recopilamos, así como a otras agencias de las Naciones Unidas, además de a las autoridades de KP y otras partes interesadas. Informamos al Consejo de Derechos Humanos y a la Asamblea General.  El Alto Comisionado y el Relator Especial sobre los derechos humanos en la República Popular Democrática de Corea han solicitado una moderación de las sanciones que podrían afectar al sector de la salud en KP.

Además, estamos intentando explicar cómo los derechos humanos pueden ayudar a proteger a toda la población, pero en particular a la más vulnerable. 

Hemos traducido documentos importantes al coreano, lo que facilita el acceso a la información sobre las implicaciones de la COVID-19 para los derechos humanos.

¿Cuáles son los principales problemas en materia de derechos humanos a los que se enfrenta KP en su respuesta a la COVID-19?

Hemos constatado que la respuesta a la COVID-19 ha agravado una situación ya de por sí extremadamente grave para muchas personas en KP debido al aumento de las restricciones de movimiento dentro del país y fuera de sus fronteras. Asimismo, el sistema sanitario del país es muy débil, en especial para la población rural.

KP fue el primer país que cerró sus fronteras en respuesta a la COVID-19, y las autoridades difundieron información sobre cómo prevenir la propagación del virus.  Sin embargo, los riesgos de la respuesta a la COVID-19 empeoran aún más una situación humanitaria desoladora. Antes de la crisis de la COVID-19, la población en general ya luchaba por sobrevivir, con casi el 40 por ciento de sus ciudadanos en situación de inseguridad alimentaria y afrontando otras dificultades económicas. El cierre de la frontera con China ha provocado un mayor deterioro de la situación al quedar el comercio muy restringido.

Muchas personas que se encontraban en una situación desesperada ya no son capaces de cubrir sus necesidades básicas. Nos preocupa especialmente la población más vulnerable, entre ellos, los detenidos en condiciones pésimas, así como las personas que no pueden acceder a asistencia sanitaria adecuada, o los que no tienen acceso a suficientes alimentos, a una fuente segura de agua, o quienes no se pueden permitir comprar mascarillas, ni jabón.

Dada la situación deficiente del sistema de asistencia sanitaria y la desnutrición que padece gran parte de la población, nuestra principal preocupación es que un brote del virus a gran escala ocasione una tasa de mortalidad mucho más elevada que en los países vecinos.

¿Cuáles han sido los mayores retos y las experiencias más importantes adquiridas hasta ahora durante la pandemia?

Como en todo lo demás, resulta muy difícil conocer la situación al completo en KP. Las restricciones a la información, a acceder al país y sobre el derecho de la población a manifestar sus preocupaciones suponen que no conocemos todo lo que pasa. Sin embargo, disponemos de información fiable, incluyendo el aumento de las dificultades económicas. La colaboración con socios en la sociedad civil sirve para consolidar nuestra información.

Otro gran reto es la situación que la COVID-19 ha supuesto para las personas de KP que pretenden escapar del país. La mayoría se trata de mujeres que escapan por la frontera con China. Según se informa, resulta prácticamente imposible abandonar KP con el cierre de la frontera y por el riesgo de contraer la COVID-19.

¿Por qué es importante que durante esta pandemia aunemos fuerzas en pro de los derechos humanos?

Se trata de una pandemia mundial, que requiere respuestas globales. Aunque es difícil ofrecer esta respuesta en KP, dotar de medios a la población para que participe activamente en la gestión de asuntos locales y nacionales, el aprovechamiento de la tecnología y la redistribución de los recursos de formas más equitativas son medidas fundamentales para formar parte de esta respuesta y para el futuro. En lo inmediato, es importante que países, como KP, colaboren conjuntamente como parte de la comunidad internacional a fin de ayudar a quienes más lo necesitan.

15 de mayo de 2020

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