Las mujeres, quienes han sido las más afectadas por la COVID-19, deberían participar en los esfuerzos de recuperación


Trabajadores migrantes varados caminan para abordar un tren especial después de que el Gobierno suavizó un bloqueo nacional impuesto como medida preventiva contra COVID-19, Chennai, India, 10 de mayo de 2020. Arun SANKAR/AFP

Las cuarentenas, el cierre de colegios y otras restricciones de movimiento para frenar la propagación de la COVID-19 han contribuido al acusado aumento de la violencia de género, en particular la violencia doméstica y la violencia contra la pareja, según expertos del Consejo de Derechos Humanos.

Agregaron que este hecho se debe a los elevados niveles de tensión que se producen en una convivencia más estrecha e inevitable, a las tensiones económicas y a la interrupción de las redes sociales y de protección.

Además, los sistemas de salud saturados, la reasignación de recursos, la escasez de suministros médicos y las interrupciones de las cadenas de suministro globales han debilitado la salud sexual y reproductiva y los derechos de las mujeres y niñas, incluidos el acceso a la atención materna, los anticonceptivos, así como los tratamientos para el VIH-SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.

Una mayor desigualdad se traduce en un mayor riesgo para las mujeres y niñas

“Las mujeres y niñas se encuentran en mayor riesgo, lo cual no se debe a una vulnerabilidad inherente, sino más bien a una discriminación y desigualdad preexistentes. Muchos han denominado a este hecho una pandemia dentro de la pandemia”, alegó Peggy Hicks, Directora de la División de Actividades Temáticas, Procedimientos Especiales y Derecho al Desarrollo en Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Igualmente, mencionó los pronósticos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) que prevén 31 millones de casos adicionales de violencia de género en el mundo si las medidas restrictivas duran seis meses.

“Afortunadamente ya contamos con estrategias efectivas para reconstruir mejor, al mismo tiempo que se avanza en la igualdad de género. Dichas estrategias son la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la Plataforma de Acción de Beijing y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Ahora lo que hace falta es acelerar su aplicación de forma realmente integral”, añadió.

Las mujeres han estado en primera línea de la respuesta a la crisis de la COVID-19. A nivel mundial, constituyen el 70 por ciento de los profesionales sanitarios.

Asimismo, han desempeñado una labor fundamental en los servicios esenciales, tales como la producción de alimentos y la cadena de suministro, la limpieza y la lavandería, y el trabajo de cuidados.

Aun así, muchas mujeres han trabajado con salarios bajos, empleo irregular y en el sector informal, en el cual tienen acceso limitado o ninguno a la protección social. También su proporción es excesiva en las industrias a las que la respuesta a la COVID-19 ha afectado más intensamente: hostelería, fabricación, minoristas y sectores recreativos.

Además, la desigualdad de género preexistente, como la desigualdad salarial por razón de género y las grandes disparidades en la distribución por género de las tareas de cuidado y domésticas no remuneradas, probablemente provocará que las mujeres dejen de participar en el mercado de trabajo durante y después de la pandemia.

Inclusión para “reconstruir mejor”

Arancha González Laya, Ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, declaró que uno de los objetivos de su país desde el inicio de la pandemia había sido garantizar una recuperación sostenible y transformadora que diese prioridad a los derechos humanos en los planes y las políticas de “reconstruir mejor”.

“La respuesta económica y las políticas de recuperación después de la pandemia deben tratar de forma específica el impacto sobre las mujeres”, recalcó. “El reconocimiento de las tareas de cuidado no remuneradas, la reducción de la desigualdad salarial, además de las políticas de protección fiscal y social, deberían dar lugar a un empoderamiento económico real de las mujeres y evitar una mayor feminización de la pobreza”.

Los expertos también resaltaron que las organizaciones de mujeres y los defensores de derechos humanos de las mujeres a nivel comunitario habían estado en primera línea del seguimiento del impacto de la COVID-19 en las mujeres y niñas.

Uno de esos defensores fue la ponente Editar Adhiambo Ochieng, fundadora del centro Feminist for Peace Rights and Justice Centre. La activista de derechos humanos de las mujeres procedente del asentamiento informal de Kibera en Nairobi, Kenia, afirmó que, pese a que la pandemia ha golpeado al mundo entero, también ha tenido efectos similares para las mujeres y niñas de los asentamientos informales, que incluyen casos diarios de violación o deshonra de niñas y adolescentes por parte de sus familiares y vecinos.

“Ayudamos a crear espacios seguros para las mujeres, puesto que la mayoría de las mujeres de Kibera son trabajadoras que se dedican al servicio doméstico y algunas han perdido su trabajo. Quedarse en casa ya les ha resultado difícil por los elevados niveles de violencia doméstica y ahora, como sostén de la familia, son incapaces de mantener a sus familias”, advirtió.

El centro ha hablado con mujeres y niñas sobre la violencia sexual y de género, la salud reproductiva, además de proporcionar anticonceptivos a las mujeres.
Natalia Kanem, Directora Ejecutiva del UNFPA, destacó que la desigualdad de género penetra en el sistema sanitario y que las necesidades específicas de las mujeres, incluso en las primeras líneas de la COVID, no están siendo debidamente atendidas. Asimismo, instó a los países a “defender activamente los derechos y la salud sexual y reproductiva de las mujeres durante la COVID-19”.

“La COVID-19 afecta a todos, pero no en igual medida. Según el UNFPA, la pandemia podría derivar en millones de casos adicionales de violencia de género y en millones de embarazos no deseados adicionales debido a la interrupción de la planificación familiar”, aseveró Kanem.

A causa de la pandemia, los sistemas de salud saturados, la reasignación de recursos, la escasez de suministros médicos y las interrupciones de las cadenas de suministro globales, se ha debilitado la salud sexual y reproductiva y los derechos de las mujeres y niñas, incluyendo el acceso a la atención materna, los anticonceptivos, así como los tratamientos para el VIH-SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. Además, las niñas presentan más riesgos de sufrir prácticas perjudiciales, como el matrimonio infantil, debido a la interrupción de los sistemas de apoyo para niños.

“Ya se observan retrocesos en los esfuerzos encaminados a evitar el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina, puesto que las niñas ya no asisten al colegio y, por tanto, son más vulnerables a los casamientos o mutilaciones contra su voluntad. No debemos permitir que esto suceda”, aseguró Kanem.

Reequilibrio del poder estructural

La crisis de la COVID-19 ha repercutido en las mujeres de formas muy diversas, según Jayati Ghosh, Profesora de Economía de la Universidad Jawaharlal Nehru, en la India. Ha afectado a las trabajadoras remuneradas y no remuneradas en los hogares y las comunidades, a mujeres nacionales y migrantes, y en el caso de las mujeres de los países en desarrollo, también ha condicionado su acceso a los alimentos y a la asistencia sanitaria, incluida la salud reproductiva.

Explicó que la pandemia ha “reforzado las desigualdades de relaciones y las estructuras de poder, que permiten la opresión patriarcal en los hogares y las comunidades”.

“Las mujeres trabajadoras han corrido más riesgo que los hombres de perder su empleo o de hacer frente a una reducción en su nivel de ingresos durante el periodo de confinamiento en la mayoría de países. Asimismo, más mujeres han salido del mercado de trabajo por el cuidado de los hijos y otras responsabilidades domésticas tras el cierre de los colegios”, informó Ghosh.

“Este declive del empleo remunerado de la mujer probablemente tendrá un impacto a largo plazo, ya que la pérdida de empleos en una recesión normalmente provoca una devaluación de los salarios y empleos menos seguros en el futuro”.

Ghosh solicitó un “nuevo pacto mundial” que se centre en la economía del cuidado, así como en tratar y reducir las desigualdades.

Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres, señaló que, aunque se había alabado a mujeres dirigentes por sus respuestas a la pandemia en todo el mundo, las mujeres seguían encontrando obstáculos para alcanzar el liderazgo político.

“Han 'frenado la curva' y establecido nuevos niveles de liderazgo con transparencia, compromiso público y toma de decisiones con base científica. Reconocieron los riesgos y tomaron decisiones complejas. Ahora constituyen referentes de respuesta a la crisis, que inspirarán a las futuras generaciones de mujeres”, recalcó.

Mlambo-Ngcuka también insistió en la importancia del liderazgo de las mujeres en la respuesta a la COVID-19, habida cuenta del aumento de la desigualdad de género por la pandemia. “La participación de las mujeres es fundamental en todas las etapas de los procesos de toma de decisiones legislativas, políticas y presupuestarias. Para ello, quizás sean necesarias medidas especiales de carácter temporal, como las que recomienda con frecuencia el [Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer] y en la Plataforma de Acción de Beijing”, aseguró.

“Un pequeño número de jefas de estado y de gobierno están mostrando al mundo cómo encontrar soluciones sostenibles a la pandemia. Debemos seguir su ejemplo y asegurar que más mujeres se unan a ellas como líderes y referentes durante y después de la pandemia”, añadió Mlambo-Ngcuka.

22 de julio de 2020

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