Skip to main content

Pueblos indígenas

Contrarrestando la información falsa sobre COVID-19 en comunidades indígenas de Brasil

15 octubre 2021

Ro’otsitsina Juruna standing in an open field with a group of children behind her. ©UNFPA

«Cuando se denunció el primer caso en nuestra comunidad, que de hecho fue la primera muerte, fue cuando nos dimos cuenta de que esto no estaba sucediendo solamente a nuestra comunidad, que no se trataba solamente de nuestra población indígena, sino que el virus estaba afectando a todo el conjunto de la sociedad brasileña,» declaró  Ro’otsitsina Juruna, Becaria Indígena de Alto Nivel de Derechos Humanos de las Naciones Unidas procedente de Brasil.   

Ro’otsitsina es miembro del pueblo Xavante, quienes habitan en la comunidad Namunkurá en el estado de Mato Grosso, en el oeste de Brasil.  El pueblo Xavante incluye a aproximadamente 22.000 miembros repartidos en nueve territorios indígenas diferentes.  Según Ro’otsitsina, hasta la fecha, más de 900 personas Xavante se han contagiado de COVID-19 y más de 50 han fallecido.  En Brasil se han documentado más de 1.000 muertes de indígenas. 

Incluso antes de que la pandemia alcanzara a su comunidad, los Xavantes ya habían comenzado a organizarse para luchar contra esta ya que, tal como explicó Ro’otsitsina, «era casi inevitable que el virus alcanzara a nuestra comunidad debido al flujo de personas indígenas que se trasladan desde la comunidad a la ciudad y al revés.»

Su organización, Namunkurá Associação Xavante, empezó enseguida a concienciar en las redes sociales sobre los riesgos que entraña la pandemia. Crearon tarjetas y compartieron noticias sobre la pandemia en portugués y en el idioma Xavante. 

A nivel nacional, la Secretaría Especial de Salud Indígena, quien ayuda a la comunidad de Ro’otsitsina a través del distrito sanitario Xavante, comenzó a compartir información sobre el virus desde el comienzo de la pandemia y ha venido animando a profesionales sanitarios de la zona a unirse a sus esfuerzos.  No obstante, la campaña no ha sido tan eficaz en sus plazos como les hubiera gustado debido a la reticiencia de la población local.

Los líderes indígenas se mostraron en un principio reacios a aplicar medidas de prevención como el distanciamiento físico, ya que iban contra su tradicional modo de vida colectivo.  Finalmente, se reunieron en consejos comunitarios, o «waras», donde por lo general solamente pueden participar hombres.  Sin embargo, esta vez se movilizó a toda la comunidad para que recibieran información sobre la pandemia y respondieran de forma colectiva. 

Durante la pandemia, poblaciones indígenas de todo el mundo han intentado encontrar sus propias soluciones. Han puesto en práctica conocimientos y prácticas tradicionales como el aislamiento voluntario, además de cerrar completamente sus territorios, junto con otras medidas preventivas, con el fin de poner freno a la propagación de los contagios. 

En las primeras etapas de la pandemia en la comunidad Xavante, se usó la medicina tradicional para minimizar los síntomas de la enfermedad en los contagiados.  «Muchas personas indígenas se negaban a usar las llamadas medicinas occidentales, que son ofrecidas por servicios de salud indígenas, y en su lugar empezaron a usar y practicar medicina más tradicional, usando raíces, tés y abluciones,» explicó Ro’otsitsina.  «Creo que esto ayudó a reforzar nuestra cultura.»

Cuando llegaron las vacunas contra la COVID-19, varios funcionarios de alto nivel y grupos religiosos, destacó Ro’otsitsina, empezaron a difundir información falsa sobre las vacunas. 

«Hubo una red de noticias falsas por todo Brasil y esta información llegó a nuestras comunidades,» aseguró.  «Como resultado de ello, muchas personas indígenas se resistieron a ser vacunadas.»

Con el objeto de contrarrestar la información errónea y la resistencia a las vacunas, la organización de Ro’otsitsina elaboró una serie de vídeos, incluyendo uno titulado «Quien ama a los demás, se preocupa por ellos», el cual mostraba a la comunidad la importancia de las vacunas para salvar vidas, apelando a la responsabilidad de las personas con sus familias y sus comunidades.  La organización también estableció un programa de vacunación con el apoyo de líderes de la comunidad, quienes eran vistos por la comunidad como una fuente fiable de conocimiento e información. 

La organización educó asimismo a las personas indígenas sobre sus derechos pero también sobre sus obligaciones.  A través de la Articulação dos Povos Indígenas do Brazil, una red de movimientos indígenas, pueblos indígenas pidieron a las autoridades nacionales y locales que asumieran responsabilidad en la prevención y lucha contra la pandemia en sus comunidades.  Como resultado, el Gobierno identificó a pueblos indígenas como un grupo prioritario en la vacunación y se garantizó que se les suministrara la primera y la segunda dosis. 

Aunque la comunidad de Namunkurá de Ro’otsitsina tuvo prioridad a la hora de acceder a los servicios de salud y a las vacunas contra la COVID-19, así como para recibir información en su lengua nativa acerca de la pandemia, muchas otras comunidades indígenas de todo el mundo cuentan con un acceso deficiente a asistencia sanitaria, y sufren tasas considerablemente mayores de enfermedades transmisibles y no transmisibles. Además, la mayor parte de los centros médicos locales próximos, si están disponibles y cuando lo están, no suelen contar con equipación suficiente y tienen falta de personal. Incluso en los casos en que los pueblos indígenas pueden acceder a servicios de atención sanitaria, es posible que se  enfrenten a estigma y discriminación.

La guía de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas y la COVID-19 recomienda que los Estados adopten medidas urgentes para garantizar la disponibilidad oportuna, accesible y precisa de información sobre prevención y cuidado, sobre cómo obtener ayuda en caso de tener síntomas, y sobre qué medidas se están tomando para combatir la pandemia, para los pueblos indígenas que viven en sus territorios ancestrales y en contextos urbanos, en el mayor número posible de lenguas indígenas y formatos (oral, escrito, versión para niños). 

«Creo que solamente a través del conocimiento, de hablar sobre qué son los derechos humanos, podremos conseguir algunos avances. Pero no es suficiente con educar a las comunidades indígenas, de hablar sobre derechos humanos, si estos derechos son luego violados por el Estado,» afirmó Ro’otsitsina.  «Es necesario que sepamos qué podemos hacer para defender nuestros derechos y hacerlos efectivos de facto.»

15 de octubre de 2021

Este relato forma parte de Defensores de los derechos humanos —una serie periódica que presenta retratos de defensores de derechos humanos u organizaciones que los defienden—. 

Exención de responsabilidades: Las ideas, informaciones y opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de la persona entrevistada y no reflejan necesariamente la política ni la postura oficial del ACNUDH.